Lo primero que debo dejar claro es que cuando hablo de peleas me refiero fundamentalmente a cuando se producen disputas por distintos puntos de vista, o por conseguir alguna cosa o por tener distintas opiniones en cuanto a un tema concreto, entre dos o más miembros de la misma familia. Queda descartada de esta forma las peleas dentro de su concepto de agresión física.
Lo primero que nos debe quedar claro en esta temática que hoy abordamos, son tres cuestiones:
- Las peleas en la familia son completamente normales y frecuentes; por lo que nuestra familia no es peor ni mejor que el resto por tenerlas.
- Hay que comprender y usar los resultados de una pelea (según la hemos definido) de forma beneficiosa para el crecimiento y la mejora de la familia.
- Y se debe tener mucho cuidado con las peleas “injustas” y sus resultados, ya que pueden influir en muchos aspectos de la dinámica familiar de forma perjudicial.
Algunas creencias erróneas sobre las peleas familiares
- Pelearse en la familia es malo: siempre que sea una pelea justa, es decir, legítima por ambas partes (que ambas partes defiendan algo que podemos considerar razonable, comprensible y justificable), puede resultar beneficioso.
- Toda familia que se pelea necesita ayuda profesional: tampoco es cierto, ya que entonces los psicólogos tendríamos listas de espera enormes. Dentro de límites razonables, son beneficiosas porque mejoran la dinámica familiar y permite interactuar a sus miembros.
- Las peleas familiares son evitables y prevenibles: nada más lejos de la realidad, sino que además no debieran evitarse, porque en ocasiones permiten solucionar conflictos latentes.
- Los hermanos o los padres y los hijos son enemigos eternos: tampoco es verdad como podréis imaginar. No necesita mayor aclaración.
- Una vez resuelta, se ha resuelto para siempre: tampoco tiene que ser necesariamente cierto. Si bien en la mayoría de los casos sí ocurre de esta forma, en otras, disputas anteriores pueden resurgir años después, debido a algún detalle o matiz que no quedó resuelto o porque realmente no se resolvió de forma justa para alguno de los implicados.
Consejos para solucionar las peleas familiares y convertirlas en algo constructivo
- Colaboración: es un recurso de muy alta eficacia en la resolución de estos conflictos. El cómo lograrlo:
- Cuando no se logra la solución y se está estancando, podemos aplazar la discusión a otro momento, en el que tras periodos de reflexión y ya en “frío”, se tenga mejor disposición para lograr un acuerdo.
- A veces en el estancamiento, podemos arriesgarnos a ser el primero en acercar posturas, dando un poco nuestro brazo a torcer, puede que cause el mismo efecto en la otra parte y se alcance la solución.
- Repasar de forma histórica toda la evolución de la disputa hasta el momento actual, puede ser también ventajoso a la hora de lograr la solución al conflicto.
- Negociación: fundamental para lograr un acuerdo que satisfaga a ambas partes:
- Buscar con, una lluvia de ideas, por ejemplo, nuevas opciones a las que se han planteado hasta ese momento.
- Intercambiar favores, uno cede en esa situación, a cambio de que el otro ceda en la próxima ocasión. Este es un método enormemente usado por los padres que tienen más de un hijos y se produce una disputa entre ellos.
- Uno de los implicados se dedica a proponer alternativas, mientras que el otro escogerá entre una de las propuestas.
- Comunicación: es fundamental hablar para averiguar, si no somos parte implicada, qué es lo que ha ocurrido, porqué se ha originado y cómo afecta a ambas partes el problema.
- No dar por sentada la versión de una de las partes hasta haber escuchado la otra.
- No etiquetar a una persona por su actuación en un conflicto, ya que no siempre tiene porqué cumplirse dicha etiqueta para futuras ocasiones.
- No debemos ser solo “emocionales” ni tampoco solo “racionales” en las discusiones. Hay que encontrar el equilibrio entre ambas partes.
- Hay que frenar y controlar los impulsos que nos pueden jugar malas pasadas, y pensar siempre antes de actuar.
Consejos para padres ante las discusiones o peleas familiares:
- Como siempre os digo, poneros en los ojos de vuestro hijo. Es verdad que ellos no se van a poner en el nuestro, pero precisamente esa es nuestra ventaja. Sus intereses y valores no son iguales a los nuestros. Mostrar comprensión, pero tampoco excesiva permisividad.
- A veces contarles casos de nuestra propia experiencia les ayuda a comprender el porqué les pedimos unas cosas u otras.
- Es adecuado insistirles y enseñarles a que tienen que pensar antes de actuar y que es muy adecuado un control de nuestros impulsos.
- Preguntémonos en muchas ocasiones si una pelea es una buena ocasión para enseñar a nuestro hijo algo o para desahogarnos en gritos. Hay que hacer un esfuerzo por ellos, ya que a la larga nos repercutirá también en nosotros.
- Nadie somos perfectos, ni nuestros hijos ni nosotros. Y conviene recordarnos y recordarles de vez en cuando, que todos somos miembros de un mismo equipo.
- Mucha paciencia, el mejor de los consejos.
















