Obsesiones y manías en niños y adolescentes

¿Hay que tratar el trastorno obsesivo-compulsivo en la infancia?

Hay niños que muestran conductas que nos indican que en la adolescencia desarrollarán un trastorno obsesivo compulsivo y lo que es peor si no se corta a tiempo es un trastorno que tiende a cronificarse.

Lo que se pretende en la infancia es la prevención. Es la mejor edad para intervenir el trastorno. Se realiza de forma sencilla y breve, cosa que no ocurre en la etapa adulta.

Hay niños que viven su día a día con el sufrimiento y las dificultades causados por un trastorno poco conocido y que como media tarda al menos dos años en ser detectado y tratado. Es el Trastorno Obsesivo- Compulsivo (conocido por las siglas TOC).

Uno de los motivos principales por el que este problema no se detecta a tiempo es que TODOS HEMOS TENIDO ALGUNA MANÍA DURANTE LA INFANCIA: caminar sin pisar las líneas blancas de los pasos de cebra, pequeñas supersticiones para los exámenes o los partidos de fútbol o baloncesto, coleccionar cosas más o menos inútiles, necesitar el pupitre ordenado de una forma, ser muy escrupuloso…

¿Cómo distinguir la obsesividad normal del trastorno (TOC)?

Pues, como casi siempre, es una cuestión de grado.

Se tiene en cuenta tanto el malestar que causa al niño como lo que llega a interferir en su vida cotidiana. En la mayoría de los casos tareas como el aseo personal, los deberes, vestirse, conciliar el sueño, se ven francamente alteradas. En el pasado se consideraba que si el niño invertía más de una hora al día en rituales, compulsiones, comprobaciones o manías de cualquier tipo, había una alta posibilidad de que sufriese un TOC.

obsesiones niños

¿Cuáles son los síntomas del Trastorno Obsesivo- Compulsivo?

Como el propio nombre indica, los síntomas principales son las obsesiones y las compulsiones.

El diagnóstico se hace con los criterios de la clasificación de enfermedades DSM-IV TR:

Las obsesiones se definen por todas las siguientes características:

1. pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan como intrusos e inapropiados y causan ansiedad o malestar significativos.
2. la persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o bien intenta neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos.
3. la persona reconoce que estos pensamientos, impulsos o imágenes obsesivos son el producto de su mente.

Las compulsiones/manías se definen por:

1. comportamientos (p. ej., lavado de manos, puesta en orden de objetos, comprobaciones) o actos mentales (p. ej., rezar, contar o repetir palabras en silencio) de carácter repetitivo, que la persona se ve obligada a realizar en respuesta a una obsesión.
2. el objetivo de estos comportamientos u operaciones mentales es la prevención o reducción del malestar o la prevención de algún acontecimiento o situación negativos; sin embargo, estos comportamientos u operaciones mentales o bien no están relacionados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar o prevenir o bien resultan claramente excesivos.

 En algún momento del curso del trastorno la persona ha reconocido que estas obsesiones o compulsiones resultan excesivas o irracionales.

El trastorno, ¿tiene manifestaciones especiales o distintas en la infancia?

Sí, aunque no tan distintas.

-Los temas obsesivos de la infancia tienen que ver con las preocupaciones de esa etapa: la muerte de los padres, los robos o agresiones, los contagios, el sexo como algo prohibido y a veces pensamientos de tipo religioso.

-Los niños más que los mayores a veces no se dan cuenta de que estas preocupaciones no son racionales y no son capaces de criticarlas, las creen totalmente (p. ej. que alguien puede entrar a robar por la ventana en un sexto piso).

-Con mucha frecuencia, pedirán a los padres que participen de sus compulsiones o rituales para alejar así el temor. Por ejemplo, que si mamá les da un beso en una mejilla, tiene que dárselo a continuación en la otra “para que no pase nada malo, por la manía de la simetría”.

- Las compulsiones en los niños no siempre se corresponden con una obsesión “racional”. A veces no hay una justificación subjetiva, sino que el niño debe llevar a cabo el comportamiento un número determinado de veces o con cierta simetría (por ejemplo, debe entrar en la habitación con la pierna derecha y volver a entrar con la izquierda) sólo porque “se siente mejor” o “porque no se queda bien si no lo hace”.

-En la infancia la aparición de tics nerviosos asociados es muy frecuente.

¿Cuándo preocuparse por la posibilidad de que nuestro hijo sufra un TOC? ¿Hay pistas para detectarlo?

Algunos comportamientos que pueden indicar la existencia de un TOC son:

-Pasar demasiado tiempo haciendo los deberes por un excesivo perfeccionismo: necesidad de repetir un ejercicio entero por un error sin importancia, tendencia a arrancar y repetir hojas completas del cuaderno, borrar continuamente, repasar con el lápiz o boli letras o palabras…

-Tener una preocupación excesiva con los gérmenes o la limpieza: incapacidad para ir al aseo en ningún lugar público, tener kilos de colada porque el niño no quiere ponerse la ropa dos veces o usar la toalla una segunda vez, gastar demasiado papel higiénico para limpiarse compulsivamente…

-Necesitar rituales larguísimos y complicados a la hora de irse a la cama: el pis (incluso necesitando ir de nuevo si se levanta para cualquier cosa), el agua, el beso a mamá y papá, los muñecos en una posición exacta, las mantas… Con frecuencia cualquier “fallo” hace necesario volver a empezar desde el principio otra vez.

-Necesidad excesiva de ser tranquilizado, comprobando varias veces que todo está bien, demandando continuamente a papá y mamá que repitan determinadas frases tranquilizadoras o respondan a preguntas sobre miedos.

¿Cuándo se debe tratar?

Los síntomas obsesivos aislados o leves, que no causan malestar ni interfieren con las rutinas cotidianas NO NECESITAN TRATAMIENTO.

El malestar en los niños se manifiesta a veces en la forma de vergüenza y de temor a estar volviéndose loco.

Cuando el niño se siente obligado a hacer cosas (manías) que a los demás les resultan extrañas como “hacer movimientos de gimnasia”, “tocarse una mano y la otra un número concreto de veces”… para ahuyentar algún temor… los niños son conscientes de que parecen “raros” y pueden llegar a evitar las situaciones sociales sintiéndose cada vez más aislados.

Es muy frecuente que el problema afecte al rendimiento escolar e incluso que se confunda a veces con un problema de atención. El niño parece “en su mundo” porque su mente está ocupada con las obsesiones y le cuesta mucho concentrarse.

¿Cómo se trata? ¿Cuál es el tratamiento ideal?

En los casos más leves, en los que el malestar del niño no sea muy intenso y la interferencia con las actividades cotidianas sea leve, la primera opción debe serla PSICOTERAPIA COGNITIVO-CONDUCTUALque ayudará al niño a aprender a evitar las compulsiones y rituales sin sufrir tanta ansiedad.

Las técnicas más útiles son las de exposición con prevención de respuesta, reversión del hábito y el entrenamiento en el manejo de la ansiedad.

En adultos, y en casos graves es decir en casos en que el malestar sea intenso y el número de manías y obsesiones sea elevado, el tratamiento debe ser COMBINADO: psicoterapia y medicación.

Este artículo fue escrito por:

Nerea Román psicóloga

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