¿Mi hijo es muy movido o tiene TDAH?

Actualmente existe un abuso del término de hiperactividad por parte de los padres, profesores y demás personas implicadas en el crecimiento de los niños. Lo que anteriormente llamábamos “niño nervioso”, “niño inquieto”, “niño movido” o con expresiones como “mi hijo no para quieto”, “la maestra dice que se mueve mucho”, etc., ahora mismo lo llamamos hiperactividad o TDAH.

Esta tendencia actual puede ser fruto de la necesidad de etiquetarlo todo con un nombre o diagnóstico, con el fin de tener la sensación de control sobre ello.

Sin embargo, con todo esto no quiero decir que no los haya, porque sí los hay. Lo importante es saber distinguir cuando un niño es hiperactivo y cuando simplemente es muy movido.

El porcentaje de niños con este problema se estima entre el 3 y el 5%, entre los niños en edad escolar, siendo seis veces más frecuente en los varones.

TDAH hiperactividad

Definición de TDAH

El TDAH es  un trastorno del comportamiento con bases neurobiológicas y genéticas, que se caracteriza por una distracción de moderada a severa, una inquietud motora, periodos de atención breves, inestabilidad emocional y conductas impulsivas.

Aunque es diagnosticado en la mayoría de los casos durante la infancia, tiene carácter crónico, pudiendo persistir y manifestarse más allá de la adolescencia. Los estudios han demostrado que entre el 60 y el 75% de los niños con TDAH, permanecen los síntomas en la vida adulta.

Diferentes subtipos de TDAH

Hay tres subtipos del TDAH  o trastorno por déficit de atención con hiperactividad, uno con predominio de la falta de atención, otro con predominio de la hiperactividad y de la impulsividad  y otro combinado.

Los criterios que utiliza el DSM-IV para diagnosticar el subtipo con predominio de la hiperactividad e impulsividad (debe haber al menos 6 de ellos, deben permanecer al menos durante 6 meses y no ser explicables por la edad del niño o por cualquier otro trastorno psicológico), son los siguientes:

– Suele mover en exceso manos y pies y se retuerce en su asiento.

– A menudo abandona su asiento en clase o no es capaz de estar sentado cuando debe.

– Corre o salta en situaciones en las que resulta inadecuado hacerlo.

– Experimenta dificultades para jugar tranquilamente o dedicarse a actividades de ocio.

– Parece estar siempre en marcha, como si tuviera un “motor”.

– A menudo habla excesivamente.

– Dan respuestas precipitadas, antes de que las preguntas se acaben de formular.

– Puede tener dificultades para aguardar su turno en cualquier situación.

– También suele entrometerse o entorpecer los asuntos de los demás, tocan cosas que no deben, hacen payasada, etc.

Es un trastorno que aparece en los primeros años de la infancia, puede cambiar a lo largo del crecimiento del niño, y los primeros años predomina el carácter hiperactivo e impulsivo, para pasar en la adolescencia a predominar la falta de atención.

¿Dónde está el límite entre lo normal y la hiperactividad?

 

Realmente, para poder establecer el diagnóstico hay que acudir a un profesional que realice una evaluación, él es el que establecerá el límite entre normalidad e hiperactividad. Lo más sencillo en muchas ocasiones para los padres, es acudir al pediatra, que está perfectamente cualificado para daros una opinión profesional al respecto, ponerle un tratamiento y controlar su evolución o, en caso necesario, remitiros a un psiquiatra o psicólogo. O bien está la opción de acudir directamente a un psicólogo especialista.

La evaluación psicológica en estos casos, además de guiarse por los criterios establecidos en el DSM-IV, debe basarse necesariamente en entrevistas o cuestionarios con el niño y los padres, en el uso de escalas conductuales cumplimentadas por el niño, los padres e incluso sus profesores, evaluación del nivel y desarrollo de la inteligencia, evaluación de las habilidades atencionales y en técnicas de observación de la conducta, como mínimo, y en el caso de la pediatría se puede utilizar también el historial médico del niño.

Tratamiento y abordaje del TDAH

El mejor tratamiento para estas situaciones, siempre es terapia psicológica+fármacos. En el ámbito farmacológico, lo más utilizado para estos casos son los estimulantes, como el metilfenidato (Rubifen, Concerta…), a dosis bajas para tratar la inatención y a dosis altas para el tipo combinado y casos graves de impulsividad e hiperactividad, aunque los fármacos no deben de administrarse nunca antes de los 6 años de edad del niño. Estos además no están exentos de efectos secundarios como disminución apetito, efectos rebote con la conducta, detención transitoria del crecimiento o intensificación de tics ya existentes.

En cuanto a la terapia psicológica, entre otras, se utilizan técnicas de modificación de conducta, técnicas para reducir la ansiedad, técnicas para mejorar carencias en las habilidades sociales y terapias de grupo.

Resumiendo, el límite se establece cuando un profesional diagnostica el trastorno y, recomiendo que, si se tienen sospechas, si cumple los criterios que he mencionado del DSM-IV y, lo que es más importante, si las conductas del niño afectan a la normal dinámica de la familia, acudir a un profesional que evalúe al niño y, en caso de confirmarlo, establezca un plan de actuación.

 

 

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Este artículo fue escrito por:

- que ha escrito 40 posts on Psicología para todos/Superdotados/Psicología infantil/Depresión.

Psicólogo, Máster en Terapia de conducta y Trastornos de la personalidad, es además enfermero, con la especialidad de enfermería del trabajo y Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales con las especialidades de Ergonomía y Psicosociología Aplicada e higiene Industrial.

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