La agresividad infantil, ¿qué podemos hacer?

La agresividad infantil es una de las principales quejas de padres y educadores. Un hecho que en ocasiones es muy difícil de controlar y un temor latente a que en el futuro, este tipo de conductas tengan continuidad en una patología antisocial. Conozcamos un poco más de estas conductas, su porqué y cómo actuar ante ellas.

Definición de conducta agresiva

Definiciones, como en todo, hay muchas. Por sintetizarlas en una sola, podemos decir que la conducta agresiva es aquella conducta intencionada que pretende causar un daño, ya sea físico o psíquico.

Se pueden clasificar de muchas y variadas formas: puede ser física, psicológica, verbal, puede ser directa o indirecta (implicando a otros), activa o pasiva (impidiendo que otros alcancen sus objetivos)…

En el caso de los niños suele ser directa y física, aunque también se dan las verbales.

agresividad infantil

Explicación de la conducta agresiva

Muchos son los enfoques y las distintas teorías que se han realizado para dar una explicación de la conducta agresiva. Desde la etología se ha teorizado que es un instinto completamente imprescindible para la supervivencia; la teoría del aprendizaje social nos dice que estas conductas se aprenden por imitación y por observación; el psicoanálisis afirma que es por un “instinto de muerte” que la gente dirige hacia el exterior o hacia los demás, no hacia uno mismo…

Aunque, es más sencillo pensar que la conducta agresiva puede ser un compendio de todo ello, aprendizaje e instinto, innato y adquirido.

Factores que influyen en la conducta agresiva

Uno de los factores más influyentes es el entorno sociocultural en el que se mueve el niño. En estas edades, la familia es la pieza clave en la educación del niño, y por lo tanto, en la parte de la conducta agresiva que se aprende, y que no es instintiva.

Dentro de la familia y el entorno social del niño, muchos son los factores que hacen que el niño aprenda una conducta agresiva por imitación u observación:

–          Conducta incongruente de los padres (la desaprueban pero la usan, aun no siendo conscientes de ello).

–          Estilo educativo autoritario.

–          Estilo educativo excesivamente permisivo, en el que no se han establecido los límites adecuados.

–          Uso del castigo físico y verbal o psicológico como método educativo y de resolución de conflictos.

–          Relaciones deterioradas entre los padres también puede provocar tensión en la familia y desembocar en este tipo de conductas.

El entorno social cercano también está claro que influye, no solamente la familia, el barrio, el colegio, los amigos, lo que les dejamos ver en la televisión o en el ordenador… Todo aporta a que se puedan desarrollar conductas agresivas.

Está claro que no podemos controlar absolutamente todo en la vida de nuestros hijos, ya que también necesitan aprender las cosas por sí mismos, necesitan autonomía y espacio, pero en todo aquello que sí podamos influir positivamente, ¿no creéis que merece la pena? No podemos ponerles una venda en los ojos, ni taparles los oídos, pero sí podemos cuidar nuestras conductas porque somos uno de sus principales modelos, sobre todo los primeros años de vida.

A modo de ejemplo, mi hija hace unos meses al ver como una persona sacaba un cigarro y lo encendía me preguntó alucinada que qué hacía esa persona, y qué era eso. Claro está, tenemos nuestros defectos como cualquier otro, pero no fumamos, y el entorno que le damos a nuestros hijas es más propicio para que en el futuro no fumen; aunque eso no asegure ese resultado al 100%, queda claro que aumentamos las posibilidades si lo comparáramos con la situación de que alguno de nosotros fumara.

Con esto quiero decir, que debemos hacer un esfuerzo de enseñar primero con el ejemplo, con la acción, y luego con la palabra. Es la mejor forma de prevenir conductas que no queremos que nuestros hijos realicen.

Qué hacemos ante este tipo de conductas

Existen muchas formas distintas de tratar estas conductas, una vez aparecidas, para tratar de que desaparezcan. Podemos actuar a dos niveles, por un lado técnicas para tratar de controlar los antecedentes que desencadenan estas conductas y técnicas para tratar estas conductas a través de sus consecuencias:

Técnicas para controlar los antecedentes

–          Eliminar estímulos desencadenantes (si se pelea mucho con el primo, no dejarles mucho rato solos)

–          Reducir la exposición de modelos agresivos (cuidar sobre todo nuestra conducta, la de los que le rodean y lo que ven en los medios)

–          Reducir estímulos aversivos (eliminar los conflictos, eliminar la falta de afecto y de elogios hacia el niño)

–          Exponerle a modelos que desarrollen conductas alternativas a las agresivas para resolver conflictos (personas o personajes conocidos para él o famosos)

Técnicas para tratar la conducta agresiva controlando sus consecuencias: en este ámbito podemos usar tres tipos procedimientos;

    1. Procedimientos de extinción (hay que eliminar las recompensas que el niño busca por emitir esa conducta, como puede ser el que se le preste atención, el hacer rabiar al hermano…, si eliminamos éstos y el niño ve que no pasa nada, dejará de hacerlo. Es la maniobra típica a utilizar en las rabietas infantiles)
    2. Procedimiento de conductas alternativas (consiste en indicarle cómo debe comportarse adecuadamente e ir reforzando cada vez que emita las conductas que queremos o al menos las que se parezcan)
    3. Procedimientos de castigo: son diversos métodos los que existen en este apartado, deben ser los de última elección, aunque en ocasiones pueden ser adecuados a la situación:
      1. Reprimendas y reproches (deben darse nada más producirse la conducta, debe quedar claro porque le reprendemos y elogiarle enseguida si a continuación realiza conductas adecuadas; no utilizar la amenaza, ni los gritos, ni la agresividad al comunicárselo)
      2. Tiempo fuera (sacarle inmediatamente de esa situación y lugar durante un tiempo, para retirarle de todos los reforzadores posibles existentes)
      3. Costo de respuesta (retirarle algo que le agrade, material o actividades, si ha emitido la conducta agresiva, indicarle porqué se le retira y que lo recuperará si su conducta es adecuada)
      4. Sobrecorrección (utilizarla solo en el caso de que las anteriores no hayan sido eficaces) Dos tipos:
  • Restitutiva: que restituya el daño que haya podido causar y que mejore la situación inicial ( pedir perdón, reparar algo que haya roto o comprar algo mejor que lo que ha roto, etc.)
  • Sobrecorrección positiva: que realice muchas veces una conducta deseable (si ha roto un juguete, deberá repararlo si es posible y además colocar el resto)

Estas son algunas de las técnicas más comunes y más eficaces. Desde luego y para que quede claro, no se debe utilizar el castigo físico. No hay situación alguna que lo justifique, aunque muchas veces pensemos que “un cachete a tiempo…” puede arreglar cosas. Pensar en el daño físico y moral que le hacemos en ese momento y además, en el ejemplo que le damos. Con el castigo físico le estamos diciendo a nuestro hijo: “con una torta o un azote se solucionan las cosas” Entonces ¿cómo queremos luego que ellos no usen la agresividad o la violencia? Combatir la agresividad con la violencia es el peor error que, como padres, podemos cometer.

Si os animáis y queréis dejar algún comentario al respecto, técnicas que empleáis, consejos, etc., no dudéis en hacerlo.

 

email
Si te ha gustado el artículo te agradeceríamos que lo compartieras en redes para que otras personas también puedan leerlo.

Este artículo fue escrito por:

- que ha escrito 40 posts on Psicología para todos/Superdotados/Psicología infantil/Depresión.

Psicólogo, Máster en Terapia de conducta y Trastornos de la personalidad, es además enfermero, con la especialidad de enfermería del trabajo y Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales con las especialidades de Ergonomía y Psicosociología Aplicada e higiene Industrial.

Contacta con el autor

2 Respuestas hacia “La agresividad infantil, ¿qué podemos hacer?”

  1. Aurora Vega dice:

    Buenas noches!
    Me gustó mucho tu artículo. Sin embargo, estoy trabajando con un niño con un nivel inicial de agresividad infantil. Le pega a sus compañeros y grita cuando algún evento detonando lo hace reaccionar. Se deriva de una familia disfuncional, donde la madre no lo quiere y no siente ningún afecto por él. Sufre de falta de atención y violencia por parte tanto de la madre como de su hermano de 8 años.

    Es un niño inteligente, pero la agresividad también lo lleva a no obedecer instrucciones y cuando no le interesa el tema, no atiende la clase, molestando a sus compañeros.

    Agradeceré tus comentarios.
    Saludos
    A’

  2. Dalia de la Torre Vega dice:

    Buenas noches, me encuentro estudiando una Maestría en Intervención Docente y debo realizar un trabajo que se relaciona con agresividad en el niño, por lo que estoy buscando factores que puedan ser la causa y me interesó mucho este artículo pero debo fundamentarlo bien y poner bibliografáa de acuerdo a los criterios de la APA, podría indicarme en dónde puedo encontrar los textos que usted utilizó y con los cuales usted basó su escrito?

    Muchas gracias.

Trackbacks/Pingbacks


Deja un comentario

¡A la venta mi nuevo libro!

Libro: ¡P@adres en alerta! Nuevas Tecnologías

davidcortejoso.com

davidcortejoso.com

Riesgos de las TIC en menores

Experto en Peligros de las TIC

Grupo Helptic

te ayudamos con las TIC

¿Quieres recibir las novedades de Psicoglobalia?

Introduce tu correo:

Páginas recomendadas

¿No encuentras lo que buscas? Prueba aquí

Búsqueda personalizada
Licencia de Creative Commons